La misteriosa aparición de Tepeyac

En el transcurso de un siglo, aparecieron dos vírgenes de Guadalupe, una en España en la Villa de Guadalupe en Cáceres y la otra en la Villa de Guadalupe al norte de la capital de México. Las dos vírgenes pertenecen al grupo misterioso de las vírgenes negras; no obstante la mexicana ha sido la que más misterios guarda por lo que ha atraído la  atención de científicos, iniciados y devotos de todo el mundo.

Dado que la primera Virgen de Guadalupe apareció en España, los monjes que custodiaban la imagen extremeña protestaron ante el Papa alegando que la Virgen mexicana era una copia exacta de la española, aunque esta última no portase al Niño Jesús.

 

En astrología se considera que la oscuridad de las caras de las vírgenes es una característica de los países de signo Virgo. Los indígenas mexicanos adoraron las piedras negras venidas del cielo,  como por ejemplo un meteorito caído en la sierra Tepozteca; es por ello que muchos indios nahualt reverenciaron a la diosa madre de tez negra a la que llamaron Tonantzin y después, Itzpapaloti, cuyo significado es piedra de negrura magnífica.

La tierra del  México prehistórico fue cuna de destacados magos, brujos y médiums que hacían que el pueblo mexicano viviese entre las dimensiones real y mágica. Hubo indios que fueron iniciados en las antiguas ciencias del espiritismo y el ocultismo y estos contactaban  con los espíritus del más allá.

En el año 1521,  la capital del Imperio Azteca fue tomada por las fuerzas de Cortéz. Veinte  años después 9 millones de los habitantes, que durante varios siglos habían profesado una religión politeísta en la que se produjeron sacrificios humanos, se convirtió al cristianismo.

Sobre el milagro de la Virgen de Guadalupe se conoce una narración escrita a mediados del siglo XVI por el indio Antonio Valeriano, en nahualt,  el idioma azteca:  el Nican Mopohua  o Huei Tlamahuitzoltica,  y que fue traducida por el Padre Mario Rojas en el año 1978. Existen otras narraciones inspiradas en dicho libro, la primera del año 1.649 escrita por Luis Lasso de la Vega, pero el  libro original de donde se sacaron todas las narraciones desapareció.

Cuauhtlatohuac ( que traducido del azteca significa el que habla como águila), fue un indígena bautizado posteriormente con el nombre de Juan Diego y  nació en 1.474 en el Calpulli de Tlayacac en Cuauhtitlán.

Era un campesino que además de trabajar la tierra, tejía mantas para posteriormente venderlas. Estaba casado con María Lucía  que murió en el año 1.529; no tenían hijos. Al morir su esposa Juan Diego se marchó a vivir con su tío Juan Bernardino. 

El 9 de diciembre de 1.531, salió una madrugada de la choza en donde vivía para trasladarse al poblado de Tlaltelolco con el fin de asistir a la doctrina de los padres franciscanos para oír misa. 

 

Cuando comenzó a subir el cerro del Tepeyac, pudo distinguir en la cumbre un resplandor, junto a una sensación que le invadió y que él definió como el canto de numerosos pájaros y el aroma de muchas flores; todo esto le  sorprendió y le hizo detenerse en el camino, poco después la sensación anterior se convirtió en pánico, pues pensaba que había muerto y se encontraba ya en el Aztlán (la otra vida).

Poco después escuchó una voz que le llamó por su nombre: "Juanito, Juan Dieguito", esto le tranquilizó y subió el cerro, sin miedo,  para ver que era aquella luminosidad  que le deslumbraba y que le parecía que iba cambiando los colores de la roca de donde provenía, desde el oro, hasta pasar por otros innumerables colores. 

Allí vio Juan Diego a la Virgen de Guadalupe quien le pidió que le comunicase al obispo Juan de Zumárraga que le construyese un templo, no una pirámide. 

 

De esta manera en el cerro de Tepeyac y sobre el templo de la que los mexicanos adoraron como la diosa madre, se construyó primero una ermita y posteriormente la Basílica de la Virgen de Guadalupe.

Era una señora preciosa y sus vestidos parecían estar hechos de luz y ella le habló:

-"Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?"

-"Señora y Niña mía": "A cumplir con las obligaciones impuestas a todos los indios de asistir a la iglesia en las primeras horas del día." 

-"Ve pues."  "Entra en el palacio del obispo y cuéntale cuanto has visto. Dile que yo te envío a manifestarle lo mucho que deseo este templo, hijo mío, el más pequeño."

Juan diego se dirigió después a visitar al obispo Juan de Zumárraga y éste después de escucharle, lo despachó de su casa sin dar muestra alguna de haberse creído su relato.   

De nuevo volvía a su choza, cuando al pasar por el cerro, vio otra vez a la Señora que le estaba esperando para saber lo que había ocurrido. Durante unos momentos la grandiosa luz rompió de nuevo en colores y en medio del aura dorada apareció de nuevo la Señora.

-"Perdóname por no traerte buena razón, Señora y Niña mía."

-"Hijo mío, el más pequeño, he de rogarte que vayas de nuevo a ver al obispo e insistas hasta que conozca mi voluntad y ponga en obra el templo que en este punto le pido."

-"Mañana, mismamente, por la tarde estaré  aquí a mirarte, hija mía, la más pequeña, para darte razón de lo que me diga el obispo. Hoy ya vete a descansar."

El día siguiente era domingo, un día de mucha actividad para el obispo, por ello Juan diego debió esperar mucho tiempo para postrarse ante su ilustrísima.

El obispo esta vez si le escuchó con atención y le interrogó sobre todo lo que había visto en el cerro y sobre el aspecto de la Señora, su voz y sus palabras. A pesar de ello Juan de Zumárraga, dudaba de la veracidad de la historia, por lo que le pidió una prueba que demostrase que era realmente la Virgen quién se le había aparecido.

Juan Diego salió de la casa y el obispo mandó a algunos sirvientes para que lo siguieran disimuladamente, aunque por más que se  esforzaron, lo perdieron de vista, dado que no podían alcanzar la rapidez de Juan Diego al caminar. 

Ellos para no quedar en mal lugar, en vez de decirle la verdad al Obispo, le contaron que Juan Diego había desaparecido, que como los brujos nahuales se había desvanecido en el aire misteriosamente. Quizás fue verdad que Juan había desaparecido.

De nuevo encontró a la Señora esperando sus noticias. La Virgen escuchó sin mostrarse contrariada por las nuevas del indio y luego le respondió:

 -“Bien está hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al Obispo la señal que te ha pedido; con esto te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará; y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has emprendido; ea, vete ahora, que mañana aquí te aguardo.”

Pero al día siguiente ocurrió que el tío de Juan Diego, Juan Bernardino, se puso gravemente enfermo, por lo que no acudió a su cita con la Señora. Este hecho, según cuenta la tradición, marcó a los mexicanos de todas las generaciones venideras, puesto que hallan dificultad para  cumplir con sus compromisos o citas puntualmente.

Juan Diego llevó a la choza de su tío a un curandero sin obtener un resultado positivo para mejorar la salud de Juan Bernardino. 

Poco antes y dado el empeoramiento de su pariente Juan Diego se había marchado al pueblo en busca de un sacerdote para cumplir con la administración de sacramentos de su nueva religión y preparar un lugar en el cementerio para enterrar a su tío.

Entretanto, en la choza, Juan Bernardino yacía moribundo. De repente todo alrededor del enfermo se volvió como un resplandor del color del oro y allí apareció una dulce mujer india de facciones delicadas y de porte majestuoso.

 

La Virgen esta vez se identificó con un nombre que pudo ser Cihuacóalt o Cuautlalalpan, que significa arboleda junto al agua o bien Quetzalcoatl o según  el  jesuita Joaquín Cardoso, pudo ser Coatlallope (la que aplastó la serpiente); el caso es que el nombre primitivo fue cambiando hasta quedarse con el nombre de Guadalupe.

En este caso la Virgen de Guadalupe realizó su primer milagro indicándole a Juan Bernardino que desde ese instante volvía a ser dueño de su salud y que debería contarle este hecho al obispo pidiéndole él también que se edificara un templo en el cerro de Tepeyac. 

La madrugada del martes 12 de diciembre cuando se acercaba al cerro de las apariciones, de camino hacia el pueblo, Juan Diego dio un largo rodeo para no pasar por el sitio en donde había visto a la Señora. 

 

De pronto una inmensa luz lo iluminó todo a su alrededor y se le apareció nuevamente la virgen diciéndole: 

-"¿A dónde vas, Juanito?

-Señora, niña, la más pequeña de mis hijas, ¿cómo amaneciste? ¿Cómo estás de salud? Me da pena que te fallé, pero fue mi tío, que se puso requetemalo y, como se está muriendo, no más estoy yo para hacerle los mandados".

- "Juan, el más pequeño de mis hijos; no es nada lo que te espantó,... que no se turbe tu rostro, tu corazón;... ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?, ¿No estás bajo mi sombra y resguardo?, ¿No soy yo la fuente de tu alegría?... Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te aflija la enfermedad de tu tío... Ten por cierto que ya sanó." " Ahora te pido que subas al cerro, hasta donde me viste antier. Hallarás flores. Córtalas, recógelas en tu tilma y tráemelas, Juanito, hijo." 

Juan Diego sin dudar ni un solo momento del milagro que la Virgen decía haber realizado con su tío, subió a lo alto del cerro para buscar las florecillas según  le había indicado la Señora. Le pareció extraña esta petición, pues era invierno y la tierra era poco fértil. Cual no sería su sorpresa cuando se encontró con una gran variedad de rosales cuajados de rosas bellísimas. Siguiendo los deseos de la Señora, cortó las rosas y bajó a escuchar las nuevas instrucciones.

La Virgen tomó las rosas en sus manos y las echó en la tilma, ordenándole que sólo delante del Obispo desplegara su manta.

-"Llévalas al obispo, son la prueba que desea. En ellas ha de ver mi voluntad."

 

Las llevó al obispo y algunos criados trataron de quitarle  alguna de las rosas e inmediatamente, al tocarlas, perdían el color y se volvían como de papel , pero eso no ocurrió delante del obispo. Juan diego desenvolvió las rosas que llevaba protegidas con su ayate y al quedar la prenda extendida hizo que todos quedasen maravillados al ver impreso en la tela de un metro cuarenta y tres centímetros la imagen de una Señora , bellísima, de ojos dulces.  

Hay que  aclarar que la  tilma  es un  tejido en el que figura estampada la imagen de la Virgen de Guadalupe.  La palabra tilma  tiene su origen en el idioma náhuatl "tilmatli". este nombre se le daba al trozo de tela   que utilizaban los indios de rango superior y que solía estar confeccionada con algodón. Por otra parte el ayate está confeccionado con un hilo más grueso, de maguey, un tejido de cactus de poca calidad, y este tipo de tela lo portaban los campesinos más pobres. Tanto la tilma como el ayate se usaban en aquella época a modo de capa. Este tipo de tela como el de el ayate se debía haber deteriorado en un período de 20 años pero hasta la actualidad  no muestra señales de corrupción.

 

Juan Diego  murió el 30 de mayo de 1548, a la edad de 74 años y fue considerado durante mucho tiempo por la Iglesia Católica como uno de aquellos  hechiceros descendientes de la cultura azteca quién por ésta razón quiso deslumbrar al obispo presentando rosas en invierno y un ayate con la imagen de Tonantzin, no obstante y dado que éste  representa a todos los indígenas que acogieron el Evangelio de Jesús, fue beatificado por Juan Pablo II el día 6 de mayo de 1.990.  

Fray Juan de Zumárraga ordeno construir una ermita para colocar el Santo Ayate y éste fue trasladado allí el día 26 de diciembre de 1531.

En 1695 se iniciaron las obras de  la Basílica antigua, y se terminó en el año 1709.

En 1976 se consagró la actual Basílica, convirtiéndose en el santuario católico más visitado del mundo después del Vaticano.

Para los aztecas era normal la maternidad de una virgen venida del cielo y también la concepción inmaculada de algunos de sus dioses, como Tepoztécatl, Quetzalcoalt y Huitzilopochtli, por lo que los conceptos de pureza divina e inmaculada eran idénticos a los de la religión católica. 

La imagen de la Virgen de Guadalupe plasmada en el lienzo, ha sido estudiada y analizada por científicos muy destacados, entre los que se encuentra un premio Nobel de química.

 

Las fotografías  que han sido tomadas recientemente con luz infrarroja, determinan que el material utilizado es de origen desconocido. Según las investigaciones llevadas a cabo, la figura no fue realizada con pinturas o sustancia alguna que proceda de productos obtenidos  de minerales, vegetales o animales; tampoco con pinturas sintéticas, por lo que se determina que se trata de una pintura de origen sobrenatural.

Tampoco se encuentran rasgos de pincelada alguna además de que los hilos de manguey o ixtle no permitirían realizar unos trazos tan delicados que hubiesen sido necesarios para conseguir unas facciones tan sumamente delicadas.

 

Lo más sorprendente de esta historia y de las investigaciones realizadas por numerosos investigadores entre los que se encontraban bastantes oftalmólogos es que se descubrió que en los ojos de la imagen de la Virgen de Guadalupe habían quedado impresos  los retratos de todos aquellos que estaban en la sala del palacio en donde residía el obispo, incluyendo al indio y las rosas esparcidas por el suelo, cuadro que se produjo en el momento en el que Juan Diego desplegó el ayate con la imagen de Tonantzin y mostró las rosas que habían en su interior. 

Las conclusiones fueron que tan solo podía  haberse realizado este retrato mediante alta tecnología fotográfica, cosa imposible de realizar en el año 1.531.

Se prosiguió posteriormente con un estudio analítico de los ojos de la Virgen de Guadalupe, esta vez a través de un oftalmoscopio de gran potencia y los especialistas que intervinieron en la prueba se dieron cuenta de que las figuras reflejadas por las córneas presentaban las variaciones y disposiciones que se producirían normalmente en un ojo vivo  y  es prácticamente imposible que un pintor pueda calcularlo y ejecutarlo al realizar un retrato y mucho menos en aquella época y sobre un lienzo tan poco tupido como era el del ayate. 

En el año 1929, el fotógrafo oficial de la Basílica de la Virgen de Guadalupe, Alfonso Marcué, descubrió lo que parecía una imagen  muy nítida de  un hombre con barba reflejada en el ojo derecho de la Virgen. Tomó varias fotografías en blanco y negro y obtuvo siempre el mismo resultado. En este caso la Iglesia parece ser que le pidió que silenciase el hallazgo.

 

El día  29 de mayo de 1951, José C. Salinas Chávez, dibujante mexicano, examina detenidamente una fotografía de la cara de la Virgen  y descubre también la imagen del busto  de un ser humano reflejado en el ojo derecho e izquierdo de la Señora.

Durante los 115 años posteriores a las apariciones de la Señora, la imagen estuvo expuesta a humedad, el humo de las velas y el salitre, y a pesar de ello los colores se han conservado perfectamente.

 

El tamaño de la imagen de la Virgen de Guadalupe es de aproximadamente un metro cuarenta y tres centímetros. Las 46 estrellas que adornan el manto de la imagen coinciden con la posición de las constelaciones en el cielo, durante el solsticio de invierno del año  1531, es decir en la fecha en que se produjo el milagro. Los ojos de la imagen están mirando hacia abajo, y sus pupilas son color como de miel de abeja; la  mirada da una gran sensación de piedad y ternura. Su cabello es de color castaño oscuro. 

En una ocasión la imagen de la Virgen de Guadalupe soportó el estallido de una fuerte carga de dinamita puesta a sus pies sin que el cristal que la protegía sufriese el más mínimo desperfecto y en cambió si estallaron los cristales de las ventanas de varias casas al rededor de la Basílica e incluso se rompieron algunas esculturas de metal incluida la de un Cristo que se encontraba al lado de la Señora.

 

 

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